Mi familia nunca creyó en mi relacionamiento, pero yo siempre amé ese
hombre. Me costó mucho conquistarlo, hice cosas que ni me lo imaginaba, pero logré. Siempre me consideré
esa persona que lucha por lo que quiere, así que no medí esfuerzos. Aunque el
universo estuviera contra, yo enfrentaba y lograba lo que quería. Pero los años
pasaron y cuando desperté de esa batalla, me di cuenta que no todo debe ser
como queremos. Que el universo aunque se mueva a nuestra contra, ni siempre es
por revancha a lo que luchamos, sino que nos dice que esperemos, que algo anda
mal o simplemente no es para nosotros y vemos lo que a otro le tocará. Un día
de espléndido sol y de calma, desperté del tormento de ese hombre. Siempre fui
una mujer linda, atractiva y muchos quisieron matrimonio conmigo, hombres que
hoy día se han sucedido bien en la vida. Pero yo elegí a este que tenía buen
dominio de las cosas. Aunque solamente era un espejismo. Sus proyectos murieron
a cada sonrisa dada, su hombría no era más que dolor tras de cuatro paredes. La
simpatía y el respeto se esfumaron al pasar cada día en la puerta que dijo un
día, me haría la mujer más feliz. Afuera el era un ángel y al entrar era un
demonio. Me pegaba cada día, me sentía violada al hacerme lo que el llamaba
amor. Me sentía sucia, impotente, incapaz y miserable… me hizo ver el mundo la
cosa más espantosa en la vida. Cuando un día soñé, que en esta tierra
conquistaría cosas lindas, trabajaría y sería alguien en la vida. El día fue
pasando y mi mente se transformó, el estaba por llegar, y mi tormento también.
Me arreglé como siempre, pero me puse un vestido más corto. Al pasar
esa puerta, yo estaba sentada en la silla de piernas cruzadas y tomando agua.
Me miró de arriba abajo dos veces y me
preguntó si acaso pensaba salir, o si tenía algún encuentro con otro macho.
Le respondí que no y que el único hombre era el en mi vida. Así que me
agarró de los pelos y me dijo que me quitara esa ropa ridícula o me reventaba a
palo. No se si no se da cuenta, pero más estropeada en sus manos, solo la
muerte. Yo lloraba antiguamente, pero esta vez, me quedé seria y a cada tapa
que me daba, aunque desmallaba, le miraba a la cara. El se había sorprendido y
me preguntaba si acaso lo estaba enfrentando. No le dije nada y salí caminando
de la casa. El me seguía y corrí hasta el puesto policial más cercano y efectué
la denuncia. Lo dejaron preso cuarenta y ocho horas y como sabía que al salir
me buscaría y quizás me mataría. Decidí ir y pedir para hablar con el. Le
pregunté si iba a mejorar, me daría el divorcio o se marcharía. Me dijo que
nada de eso, y con una sonrisa me dijo que me amaba. Pero su mirada estaba aún
endemoniada. Así que le dije, que sabía que me iba a golpear, pero si me
concedía una cosa antes. Quería que me hiciera el amor allí mismo, entre las
rejas. El me dijo que si estaba de mente o que… pero le respondí que estaba
loca por el. Así que aunque el no demoraba mucho, lo hicimos. Y me volvió a
decir que estaba loca. Pero yo le dije que por el, estaba loca. Y que cuando
saliera, íbamos a tener sexo salvaje, que dejaría que me golpeara cada segundo
de su vida, que lo ataría en la cama y lo violaría con mi boca, con mi lengua y
mi vagina. Que no tenía idea del infierno que sería la vida a mi lado. Que después
que el cumpliera esa fantasía, llamaría a dos prostitutas y las tres
abusaríamos de el y yo misma me le sentaría en la cara mientras las otras… y me
callé. –Las otras que?- me preguntó. Y le respondí, cuando salgas y empieces a
vivirlo lo sabrás. Así que esa noche salió y aunque se le prohibió acercarse a
mi, dio vuelta la cuadra y fue a casa. Efectivamente estaba esperándole. Me
agarró de los pelos y comenzó a insultarme y cobrarme lo que le había
prometido. Yo le dije que la cama estaba lista, que las prostitutas llegaban en
diez minutos. Así que lo até para comenzar a abusarlo y me aseguré que no
escapara. Y le dije al oído, te dije que por vos, estaba loca. Y que nuca más tendría
un hematoma de sus manos. Y comencé a golpearlo suavecito, hasta transformarse
en golpes cortantes. Comencé a tajearlo, no profundo, porque el organismo
libera en dopamina, pero superficial, que se siente doloroso. Comencé a
quemarlo, a torturarlo mientras le decía el motivo y todo lo que me hizo pasar
y sufrir. Que ninguna prostituta se acostará con un hombre así, porque ni ellas
ni yo merecen ser tratadas de esa forma que trató a una dama. Que no somos sexo
frágil, que somos la mente maestra. Y cuando hubo sufrido lo bastante, le quité
los testículos, para que nunca más fuera hombre y le corté los tendones de las
manos. Y le dije, que nunca más tendría fuerza para golpearme. Así que lo dejé
desangrar un poco y llamé a emergencia. Pero antes, me aseguré de quitarle las
evidencias. De todas formas, yo era la víctima y la que apañaba siempre. Me
dediqué un mes a estudiar el cuerpo humano, esas dos áreas. Así que lo hice
bien. No quería ser acecina y por eso no
lo maté. Con un pequeño cortante, le efectué los cortes mediante una pequeña
incisión, sin mostrar demasiada visibilidad. Dejaría atónito a los médicos y me
daría un buen tiempo para arreglar mi vida y ser inolvidable en la suya. Fui
detenida y acusada por algunos cargos de tortura y lesión corporal. Y respondí
en libertad. Así que me siento vengada y una mujer virtuosa nuevamente.
Dispuesta a una nueva vida sin tortura. Mañana, voy a visitar a ese hombre, le
preguntaré si sabe quien le ha hecho eso, se que me responderá lo de siempre. –Aléjate
de mi!!. Y yo le diré, que estoy loca por el.
Daimer Santuche H ©

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